La señorita Poupée
Mi mamá se recibió de maestra a los 17 años, al egresar de un secundario pedagógico, cosa habitual en aquellos años. Trabajó siempre en los primeros grados de la escuela, que es donde los niños dan los primeros pasos para aprender a leer y escribir.
Sin embargo, su primera experiencia docente la tuvo a los 18 años en un colegio para adultos. Sus alumnos tenían su misma edad o eran mayores que ella, pero parece que dejó una huella en sus corazones.
Recuerdo haber tenido unos siete años. Mi mamá tendría más de 40 porque se casó ya grande. Un hombre de la edad de mis padres llegó emocionado a nuestra casa para saludarla: había sabido que allí vivía aquella maestra que había tenido en sus primeros años de estudio, la señorita Poupée, que es como la llamaban. Recuerdo que estaba tan contento que hasta le pidió permiso a mi papá para darle un beso en la mejilla.
También recuerdo una anécdota de un Día del Maestro. Tenía un alumno muy humilde que llegó con un paquete enorme y pesado. Mi mamá le agradeció profundamente, pero, para no avergonzarlo, le dijo que lo abriría al llegar a su casa. Al hacerlo encontró una pila de diarios viejos cuidadosamente envueltos. Más que el regalo en sí, ella comprendía el enorme cariño y el esfuerzo que ese niño había puesto en llevarle algo.
Otro recuerdo que tengo muestra en ella una mirada atenta para descubrir lo que otros no veían. Tuvo un alumno al que todos creían mudo porque no hablaba en la escuela. Mi mamá sabía que no lo era, que esa criatura por alguna razón solo hablaba dentro de su casa.
Entonces le pidió a otro de sus alumnos, que era muy charlatán y cálido, que lo llamara por teléfono. La sorpresa de este alumno fue muy grande cuando escuchó la voz del compañero “mudo”. A partir de ese momento y poco a poco, este niño comenzó también a hablar dentro del aula.
Tengo otros recuerdos de cosas que contaba mi mamá, pero eso creo que la describe como la maestra que fue: una docente sensible, respetuosa y profundamente humana; alguien que sabía enseñar, pero sobre todo sabía mirar, escuchar y acompañar.

