María Cosa reunida alrededor de una mesa con sus nietos y bisnietos

María Cosa: una vida entre Italia, Santa Fe y su familia

Había algo que siempre me quedó de mi bisabuela María: esa costumbre de juntar unas pocas cosas y viajar para ver a la familia. Ya era grande, tenía una jubilación humilde, vivía sola y aun así se animaba a hacer el viaje a Córdoba porque decía que quería ver a los nietos. Yo creo que ahí había bastante de ella.

Ella hablaba muchísimo de Italia, pero no de la parte linda. Nunca de paisajes ni esas cosas. Siempre terminaba hablando de la guerra o del viaje para venir acá. Mi mamá me cuenta que se acuerda de ser chica y escucharla contar cosas que en ese momento le parecían exageradas porque no entendía cómo alguien podía haber vivido todo eso de verdad.

Nació en 1905 y vino a la Argentina siendo muy joven. Creo que primero estuvieron en Verona y después terminaron viniéndose para acá por toda la situación de la guerra. Del papá contaba cosas bastante fuertes: que se escondía entre cuerpos para que no lo encontraran, que pasó hambre, que sobrevivió comiendo ratas. Yo no sé si alguna vez terminé de imaginarme bien eso porque incluso ahora sigue sonándome terrible.

Después estaba todo lo del barco. Eso lo repetía mucho. Que venía lleno de familias, de mujeres y chicos, que había enfermedades y gente muriéndose durante el viaje. Decía que a algunos los tiraban al mar envueltos en sábanas blancas y que ella había visto tiburones atrás del barco. A veces lo decía mientras estaba cocinando o haciendo cualquier otra cosa, como si estuviera hablando del clima. Creo que eso era lo que me parecía más impresionante.

Cuando llegaron terminaron viviendo en Santa Fe, en una zona bastante humilde cerca del río. Ella decía que se inundaba seguido y que muchas veces tenían que volver a acomodar todo porque entraba agua. Mi bisabuela además no sabía leer ni escribir. Solo hablaba italiano cuando llegó. Después, con los años, aprendió.

Siempre nombraba a Doña Pierina, su mamá. Muchísimo. Yo siento que la conocí de tanto escucharla hablar de ella. Decía que ayudaba a inmigrantes y gente pobre que iba a la iglesia. Hay personas que aparecen tanto en las historias de alguien que terminan siendo parte también de tus recuerdos aunque no las hayas visto nunca.

Después conoció a mi bisabuelo Antonio Carranza, que era cocinero. Según ella, había un francés con plata que quería llevarla a otro lado y darle una vida mejor, pero se quedó con Antonio porque estaba enamorada. A mi mamá esa parte siempre le causó gracia porque la contaba como diciendo: “Y bueno, hice eso”. Nunca la escuchó romantizar demasiado nada.

Tuvieron tres hijos y después mi bisabuelo enfermó. Ella trabajaba limpiando el Hospital Iturraspe mientras lo cuidaba. Más adelante terminó trabajando de enfermera ahí mismo. Aprendió a leer y escribir ya de grande y eso para mí siempre fue una locura, pero ella jamás hablaba de eso como algo extraordinario.

Contaba mucho del hospital también. Que estaba lleno de enfermos de tuberculosis, que había gente muy pobre, que algunos morían apenas llegaban. Decía “iba del consultorio a la morgue” y seguía hablando de otra cosa. Tenía una forma muy rara de contar cosas durísimas sin cambiar demasiado el tono.

Con los años quedó viviendo cerca de las vías, en una casa humilde que fue arreglando de a poco. Levantaba paredes, acomodaba cosas porque era húmeda y fría. Después los hijos se fueron yendo y ella quedó bastante sola, aunque siempre esperaba las visitas o viajar para ver a los nietos.

Mi mamá se acuerda más de esa etapa porque era la que le tocó vivir a ella. Llegaba a Córdoba con bolsos, comida, regalos simples, esas cosas que hacen las abuelas. Y hablaba. Siempre hablaba. A veces arrancaba contando algo de Santa Fe y terminaba otra vez en el barco.

Murió en 1990.

Es una mujer que cruzó un océano siendo chica, aprendió a leer ya de grande, trabajó en hospitales, crió hijos, sobrevivió a pérdidas y después, cuando podía, hacía bolsos para ver a sus nietos.

Y por alguna razón siempre me la imagino llegando con ese viaje encima, cansada, pero contenta.

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