Retrato de María Rita Guzmán durante su infancia

María Rita Guzmán: medicina, vocación y nuevos comienzos

Mi mamá hoy vive en una casa grande con su gato Bian. Hace pilates, yoga, natación y trabaja con medicina alternativa. A veces la veo preparando cosas de reiki o hablando de terapia de sonido y me olvido por un momento de que esta misma mujer pasó años haciendo guardias, corriendo de un lado al otro y viviendo prácticamente dentro de hospitales.

Ella es María Rita Guzmán, aunque casi todos le dicen Marita.

Nació un 8 de febrero de 1969, con mucha lluvia, hija de Demetrio y Adelaida. Venía de una familia donde mis abuelos no habían podido terminar la escuela porque les había tocado cuidar hermanos y salir adelante como podían. Creo que por eso ella siempre estudió con tanta fuerza.

Era muy inteligente desde chica. Tan así que cuando tenía cinco años la pasaron directamente a primer grado porque ya había demostrado capacidades que no eran comunes. Fue abanderada todos los años y terminó el secundario con apenas 17.

Hay una parte de su historia que siempre me imagino mucho aunque yo no estaba. Cuando era adolescente se mudó a Córdoba desde un pueblo chiquito cerca del límite con Santiago del Estero. Ella era tímida, bastante inocente según cuentan, y de golpe apareció una ciudad enorme, con gente nueva y otra velocidad.

Le costó adaptarse, hacer amigos y encontrar lugar.

Pero lo hizo.

Entró a Medicina y se recibió con honores a los 22 años. Siempre me impresiona esa edad porque yo pienso en mí a los 22 y siento que recién estaba entendiendo algunas cosas.

Después vino la vida médica. Guardias, cansancio, trabajo, más trabajo. En ese mundo conoció a mi papá, Carlos, y empezó una etapa muy familiar, llena de planes y recuerdos lindos.

Más adelante, ya cerca de los cuarenta y después de una separación, apareció algo inesperado. Mi mamá encontró refugio en otro lado. Reiki, chamanismo, sonido, formas distintas de acompañar personas. Y lo que empezó como búsqueda terminó convirtiéndose en otra profesión.

Por eso a veces me causa gracia cuando alguien cree que conoce toda la historia de una persona.

Porque yo miro a mi mamá y veo varias vidas juntas.

La estudiante adelantada, la médica agotada, la mujer que volvió a empezar y, también, la que hoy anda detrás del Bian para que no rompa algo en la casa.

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